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Hacia una industria diversa, equitativa y sustentable.

Apuntes sobre Selector Pro 2021.

Quizás sea apresurado, pero arriesgo a decir que éste es uno de los mejores momentos para llevar adelante colaboraciones entre las industrias musicales de distintos países. Esta hipótesis no sólo se basa en varias ediciones de Selector Pro sino en múltiples conferencias y la veo cada vez más realizable. Este texto busca contar el porqué, desde mi punto de vista. Además de algunos aspectos que creo son clave para trabajar en conjunto y algunas distancias que siguen siendo realmente amplias.

La pregunta que me hice varias veces durante el transcurso de la edición fue: ¿Es posible que la transformación hacia un mundo post-pandémico nos haya dado las herramientas, la agenda y hasta la necesidad de cambiar la industria musical y hacer más posibles los cruces entre LATAM y REINO UNIDO? Bueno.. paren, tampoco tanto, hay que relativizar, pero… estos días escuchamos mucho sobre cómo este último año nos llevó a replantear estrategias, potenciar asociaciones y aprender mucho sobre el desarrollo de proyectos en el campo digital. Sobre todo me interesa abordar esta reflexión desde tres puntos: 

  • COVID, ¿qué?: teniendo en cuenta que todo lo que proyectemos en la música hoy es atravesado por una coyuntura de pandemia global que se está modificando día a día. 
  • Escuchar, ¿cómo?: el streaming sigue creciendo pero conserva ciertas particularidades, tanto por territorio como por las necesidades de acceso que tienen las distintas audiencias
  • Transformación, ¿cuándo?: la industria musical está permanentemente tomando decisiones que la re-configuran, pero la pandemia aceleró algunos procesos. En Selector Pro se tocaron algunos puntos que vale la pena destacar en este sentido.  

Covid, ¿qué?

Empecemos por un dato que me causó bastante impacto, mencionado por Graciela Melitsko Thornton, Directora creativa en medio ambiente de Julie’s Bicycle (Reino Unido): El gobierno británico  dispuso 1.57 billones de dólares en para ayudar a la emergencia económica de la cultura mientras no se pudieran realizar actividades debido a la pandemia global. Esto además reúne una gran cantidad de medidas que buscan mantener y reactivar el sector cultural. Este número -que supera ampliamente la inversión de la gran mayoría de los países de Latinoamérica sumados- genera una primera barrera. Y de hecho, el punto que resaltaba Graciela era la posibilidad de que la inversión privilegiara a empresas que fueran verdes (que su impacto ambiental sea nulo o el más bajo posible). Me es inevitable hacerme esta pregunta: ¿en Latinoamérica podemos pensar en sustentabilidad verde cuando muchas veces nos es difícil formalizar o proyectar a mediano plazo cualquier tipo de desarrollo? 

Algo que quedó claro desde el primer momento, a partir de la conceptualización que hizo Paul Pacifico, presidente de AIM, fue la capacidad de la industria de la música en Reino Unido para relevar datos y utilizarlos para marcar el peso de un sector independiente que es mayor al 25%. El aporte de este sector al producto bruto nacional durante 2019 fue de “5.8 billones de dólares, 2.9 sólo de exportaciones. Se mantuvieron casi 200 mil puestos de trabajo. El turismo musical en 2019 movilizó más de 12 millones de personas”. 

Estos datos nos muestran al sector musical como una industria productiva que genera miles de fuentes de trabajo y es la asociación de la música independiente quien se ocupa de visibilizarlos. No es casualidad que el apoyo significativo del gobierno al sector cultural esté ligado a que el mismo sector tenga tan identificada su capacidad productiva, sus fuentes de trabajo, y la cantidad de ingresos derivados que generan, como por ejemplo en el turismo. 

Esto no debe más que plantearnos una necesidad y un desafío: que nuestros países muchas veces no están tan identificados con los números vinculados al movimiento laboral, al impacto del turismo y la cultura que generan las distintas actividades. 

Sin embargo, creo que el 2020 trajo un advenimiento de esta conciencia y que iniciativas como ASIAr (Asociacion de Sellos Independientes de Argentina) y su flamante contraparte en Colombia AIMCO (Asociación de la Industria Musical de Colombia) o ACMMA (Asociación de Managers de Argentina) unieron fuerzas en el protocolo para la vuelta de los shows en vivo, dentro de muchos otros ejemplos. Un contexto que fortaleció por un lado la necesidad de formalizar los procesos asociativos y por el otro la necesidad de tener información para demostrar el peso del sector de la música. 

Escuchar, ¿cómo?

YouTube y Spotify continúan su liderazgo en la región -según comentaba Lorenzo Martínez (DJ de radio, presentador, productor y DJ de Circuito X) el crecimiento de Spotify en Venezuela en cuentas premium es de un 320% en el último año- y son claves para pensar el desarrollo de un contenido a nivel regional con potencial impacto en Reino Unido. Este contexto amerita detallar tres puntos que complementa la lógica de pensar solo en las grandes plataformas:

  • Oportunidades: hoy TikTok es una oportunidad para la comunidad artística y no sólo para la porción más joven de ese sector. Olivia Edwards-Allen, gerenta de desarrollo de audiencias de AWAL, destacaba el nivel de exposición que se puede conseguir con un video auténtico. Los shows virtuales y todas las plataformas que permiten emitir vía streaming en tiempo real también son grandes posibilidades para re-inventarnos. 
  • Monetización: Monetizar el livestreaming se convirtió en uno de los principales desafíos de los últimos tiempos, y los que mejor supieron hacerlo fueron quienes pensaron contenidos únicos y distintivos, que se diferencien del resto del material que un proyecto puede compartir en el resto de sus plataformas. En otra opción, Eddy Gómez celebró la iniciativa de Bandcamp que destinaba el primer viernes de cada mes el 100% de las ganancias a creadores y productores de contenido. Son sólo dos muestras del movimiento y la diversidad de plataformas que plantea la industria hoy. 
  • Nichos: Desde el primer panel hasta el último el tema de pensar en las audiencias, entenderlas, y hablarles de manera específica se volvió esencial: la experiencia de Villa Diamante lo demuestra con la experiencia de fiesta online Hasta La Pista, que se propuso re-configurar el formato de “fiesta” y nucleó artistas que quisieran compartir baile y diversos contenidos vinculados a las escenas alternativas y de música electrónica orgánica. 

Estos tres puntos, muy relacionados entre sí, hablan de la complejidad que demanda hoy conocer nuestra audiencia, encontrarla y potenciarla para aumentar la cantidad de escuchas y finalmente monetizar nuestro contenido de manera directa o indirecta. 

Transformación, ¿cuándo?

La capacidad de un proyecto para destacarse en 2021 estará dada, no sólo por tener contenido de alta calidad, sino también, por su búsqueda de transformar. ¿Transformar qué? Transformar TODO. Empezando por sus ecosistemas, buscando más equidad,ver cómo impacta lo que hacemos en el clima y adoptando políticas amigables con el medio ambiente en nuestros ámbitos profesionales. 

Algo que queda claro luego de estas jornadas es que esto está pasando, y que sin dudas queda mucho trabajo por delante. Y sin perder de vista sobre todo, que la realidad de Latinoamérica plantea aún dificultades esenciales, tanto en la posibilidad de la sustentabilidad medioambiental y en la igualdad social -Barbi Recanati resaltó que en nuestra región comprar un instrumento es ya un privilegio- como también en la equidad de género, donde aún queda mucho por hacer ya que gran parte de las principales decisiones de la industria musical siguen siendo tomadas unilateralmente por hombres. 

En relación al cambio climático es interesante conocer las trayectorias de  organizaciones como “Music declares emergency” lideradas por agentes como Peter Quicke, Co-CEO de Ninja Tune, que se plantea contribuir a la concientización por fuera de la música de manera colectiva; o el caso de Latin Latas en Colombia que lleva adelante multiplicidad de proyectos para abordar el tema de la ecología en niños y jóvenes, algo esencial para pensar en un futuro distinto y en una transformación real. 

En sí, una vez más Selector Pro se propone como disparador, donde -como Pablo Roselló comentaba- una comunidad no mediada se pone a discutir sobre temas que son centrales para construir puentes y pensar en la industria musical. Se trata de un espacio de intercambio profundamente enriquecedor que en los últimos años logró instalarse en el sector, con encuentros presenciales en Medellín, La Habana, Caracas, Ciudad de México y Buenos Aires; generar contenidos valiosos como Apuntes para pensar la innovación digital en la música, y ofrecer una edición digital en 2020 con materiales exclusivos para una comunidad cada vez más profesionalizada.

Me quedo con lo que planteó Alejandra Gómez en el último panel: Al final, lo que nos une es que somos personas, el ejercicio de colaborar y la posibilidad de hacer cosas va a estar dado por la paciencia, la consistencia del trabajo y por pensar a largo plazo. Así que a trabajar.

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